Pedro Andreu
Pedro Andreu nace en Palma de Mallorca en 1976. A la edad de dieciocho años, se autopublica la plaquette Mar de Plomo (Ediciones Subterráneas. Palma, 1995) y participa en la creación y dirección de la revista literaria universitaria El Arte de Marear. En 1998 queda finalista del Primer Concurso Internacional de Poesía Joven Antonio Carvajal, organizado por Hiperión, pero no ve publicada su obra. Ese mismo año comienza su fraternal colaboración con el colectivo Comerciantes de Nubes, en cuya revista, Les màquines de Leonardo, se le dedican dos números: Poesía (1998) y De amor, anemia y cambalache (2002). En 1999 fija por año y medio su residencia en Sudamérica, donde participa en los recitales Asunción despierta año 000 y en el Encuentro poético Alejandra Pizarnik, y donde también publica algunos poemas y cuentos en diversas revistas universitarias y en el fanzine literario El ombligo del mundo. En el año 2001, ya en España, gana el Premio Blas de Otero de Poesía con Partida entre canallas (Colección Julio Nombela, Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Madrid, 2001). Desde entonces ha colaborado con poemas en diversas revistas literarias, como Marginalia (Buenos Aires), La Hamaca de Lona (Madrid), Alhucema (Granada) o Voces (Asunción). Es autor, además, de otro poemario, Amarga Yerba Mate, y de una novela, Luna Cuerva, que continúan inéditos, así como de diversas reseñas de crítica literaria y del prólogo al poemario El septiembre de nuestros jardines de Avelino Hernández (Casa Abierta. Palma, 2005).
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Anatomía de un ángel hembra
Pedro Andreu
Colección
Palma de Naranja
PVP: 15 euros
ISBN: 978-84-612-0814-2
Carta a modo de prólogo
Querido joven poeta,
Leí tu carta que acompañaba el envío del poemario “Anatomía de un ángel hembra” y en la que me comunicabas tu deseo de que escribiera un prólogo para él. A pesar de las dudas de mi capacidad para esa tarea, no soy una experta en poesía, la carta era tan sugerente que me condujo a leer tu “biobibliografía” que me condujo a leer tu poemario, todo de una sentada. No lo hice así urgida por el compromiso ni mucho menos, lo hice porque me gustaban tus palabras, el sentido que les dabas, la libertad de tus frases, de tus construcciones, la magia que con ellas creabas. Me ocurrió lo mismo que me ocurre cuando voy a una exposición de pintura que me atrapa y estoy deseando llegar a casa y ponerme a pintar, no a pintar lo que he visto ni nada semejante, a pintar porque una buena pintura me despierta las ganas. Con tus poemas me ocurrió lo mismo en escritura. Pensé que se habían acabado las vacaciones que me estaba concediendo después de la última novela, y que me urgía ponerme a escribir. Me acerqué a la Casa de Cultura de Majadahonda y pedí tu libro “Partida entre canallas” porque tenía ganas de seguir leyéndote y conociéndote como poeta. Recordé que en el año 2001, cuando ganaste con este poemario el “Premio Blas de Otero” del Ayuntamiento de Majadahonda, recibí una llamada desde Mallorca de nuestro común amigo, el escritor Avelino Hernández, para que no dejara de ir a escucharte en la presentación del premio. Me habló con enorme entusiasmo de tu poesía diciéndome algo así como lo que después escribió, que eras un creador profundo y diferente, osado y sin tapujos, que usabas las palabras como queriendo hacer daño, fiel sólo a ti mismo y a tus versos. El criterio literario de Avelino era para mí incontestable y sentí gran interés y curiosidad por tu obra, pero no fue posible el encuentro en aquella ocasión porque un viaje me retenía lejos del lugar en las fechas anunciadas. Después la vida me enredó, como siempre ocurre, arrastrándome a otros temas. Pero ya sabes que Avelino no cejó en ningún empeño. Lo que no remató en vida lo hizo después de su prematura muerte. Recuerdo con emoción aquella tarde de verano del 2003, en la explanada de Selva, donde Teresa nos reunió a los amigos íntimos del escritor que pudimos acudir a la isla para rendirle un primer homenaje póstumo (los amigos íntimos –o que así nos consideramos- de Avelino, se cuentan por centenares). Varias voces se elevaron manifestando su amistad, su agradecimiento o su dolor por la pérdida del amigo. Y entre otras, de pronto, tu voz, rasgando el aire como una saeta, brindándole a tu mentor uno de tus poemas: claro, conciso, límpido, osado. Un estremecimiento recorrió a los allí reunidos y yo agradecí a Avelino este último regalo (más tarde comprobaría que su generosidad no se había agotado y que había de recibir muchos más). Ahora tengo junto a mí tus dos libros ya leídos: “Partida entre canallas” y “Anatomía de un ángel hembra”. ¿Qué es lo que me remueve tanto en ellos? En parte es el lenguaje, crudo y directo, sin concesiones. Me remueve la juventud herida que grita airadamente su rebeldía contra este mundo de opuestos. No existe para ella el bien ni el mal, ni lo correcto o incorrecto, todo se funde en el mismo crisol y la vida coge su dimensión completa al no estar sometida a las múltiples divisiones que le imponemos. (...)
(Extractos del prólogo de Cristina Cerezales )

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