Nace
en Palma en 1976. A la edad de dieciocho años, se
autopublica la plaquette Mar de Plomo (Ediciones
Subterráneas, Palma, 1995) y participa en la creación
y dirección de la revista literaria universitaria
El Arte de Marear. Cursa Hispánicas, pero
pronto abandona los estudios para darse a la calle
y la libre pobreza. En 1998 queda finalista del Primer
Concurso Internacional de Poesía Joven Antonio Carvajal,
organizado por Hiperión, aunque no ve publicada su
obra. Ese mismo año comienza su fraternal colaboración
con el colectivo Comerciantes de Nubes, en cuya revista,
Les màquines de Leonardo, se le dedican dos
números: Poesía (1998) y De amor, anemia y cambalache
(2002). En 1999 fija por cerca de dos años su residencia
en Sudamérica, donde alterna sus labores de cooperante
internacional con la creación literaria. En el año
2001, ya en España y mal dejado a la golfemia, gana
el XII Premio Nacional de Poesía Blas de Otero con
Partida entre canallas (Colección Julio Nombela, Asociación
de Escritores y Artistas Españoles, Madrid, 2001).
Desde entonces ha colaborado con poemas en diversas
revistas literarias, como Marginalia (Buenos Aires),
La Hamaca de Lona (Madrid), Alhucema (Granada) o Voces
(Asunción). Han aparecido textos suyos en las antologías
La casa del poeta (Editorial Sloper, Palma, 2007),
Trentacuentos (Casabierta Editorial, Palma, 2008),
20 años del premio Blas de Otero (Colección Julio
Nombela, Madrid, 2009), El Último Jueves (Ediciones
Calima, Palma, 2011) y, bajo los pseudónimos de Travis
Ortega y Diosnel Saldívar, en Les màquines de Leonardo
(Casabierta Editorial, Palma, 2010). Sus últimos poemarios
publicados se titulan Anatomía de un ángel hembra
(Casabierta Editorial, Palma, 2008) y El frío (VII
Premio Café Mon. Editorial Sloper, Palma, 2010). Es
autor, además, de diversas reseñas de crítica literaria,
guiones de audiovisuales y del prólogo al poemario
El septiembre de nuestros jardines de Avelino Hernández
(Casabierta Editorial, Palma, 2005). Acaba de publicar
su primera novela: El secadero de iguanas (I Premio
Internacional de Literatura Fantástica. Portal Editions,
Vitoria, 2011). Hoy en noche ejerce de juglar en paro,
de nombrador de cosas raras y se gana los panes en
un albergue de acogida e inserción laboral.
ÁNGELES CAÍDOS EN GOLFEMIA
por JOSÉ VIDAL VALICOUR
"Este manojo de poemas
rabiosos, perpetuamente enamorados, ebrios, lúcidos,
altivos y tensos como dos adolescentes desnudos y
anudados bien en una cama siempre deshecha, bien en
la intimidad áspera y oculta de un campo de girasoles
son mucho más que unos poemas intensos o letras de
canciones que uno compone tras una ruptura con esa
Laura petrarquiana vuelta del revés y hecha jirones
por el verbo violento, tierno, crudo de este poeta
mallorquín, incomprensiblemente obviado por la crítica
y por los literatos de estos lares. Si digo que estos
poemas rezuman verdad por los cuatros costados y vientos
no diré gran cosa. A lo sumo, una ostentosa perogrullada.
Pero cuando en poesía o en arte hablamos de verdad
nos estamos refiriendo a esa lectura emocionada, a
esa vibración constante que nos procuran estos versos
escritos a la cara, contra viento y marea. El poeta,
a pesar del aserto pessoano –el poeta es un fingidor-
no sacrifica la emoción concreta por el alarde verbal.
Con esta lectura he recuperado viejas sensaciones.
Una de ellas es la de asistir a una especie de parto
en directo, a una insurgencia emocional y arrebatada
que amenaza en ocasiones con desbordar el recipiente,
pero que sabe mantenerse y sostenerse gracias a la
autocrítica, a la ironía que practica el propio poeta
para consigo. El mismo Andreu lo explica a la perfección,
en plan alquimista, en el muy buen postscriptum:
Este libro fue mierda y oro, viene a decirnos.
Y lo cierto es que uno se queda con esa potente impresión:
la de que este poeta poetiza como muy pocos pueden
y saben hacer la propia mierda. Ese sentirse mierda,
polvo, fango que todos, por el mero hecho de vivir,
conocemos, Pedro Andreu lo poetiza hasta hacernos
cómplices de ese poeta de alas quebradas, recién caído
de bruces sobre un charco en plena madrugada o comiendo
un clítoris fugaz, maldiciendo y celebrando esos cuerpos
de mujeres que van y vienen y a veces se quedan un
rato con nosotros para luego irse y dejarnos un siete
en el corazón, en la camisa, en el hígado. Pues aquí
hay alcohol, porros y noche, ojos turbios e incandescentes
que se cruzan por unos instantes. Pero también hay
salud, sol, mar, cuerpos desnudos que se abrazan en
una cala del sur de esta isla, y desayunos que sólo
un hombre perdidamente enamorado puede hacer y servir
a una loba que aún duerme, vencida, dilatada, ronroneante
de sueños. Puro paganismo. Aquí hay poemas que parecen
canciones, letras que cualquier banda con sensibilidad
compraría al poeta. Hay algún serio aviso a los clásicos:
“El kif es mi mentira, esta pipa una excusa, y Petrarca
ese imbécil que pretendió encerrar tus caderas elásticas
en rígidos sonetos.” En muchos casos, el poeta es
un hombre hecho trizas que, sin embargo, resucita
con más ímpetu para volver a morder el polvo, la misma
carne amada o accidental, y darse de bruces contra
lo que de verdad importa: la vida, la puñetera vida.
Para el final, el poeta nos reserva dos nanas demoledoras.
Las muertes de su abuelo y de su padre tiran de todo
su potencial poético para ofrecernos uno de los poemas
más emotivos y logrados que versan sobre este peliagudo
tema de la desaparición de un ser querido. La muerte
del padre reúne a la familia. Les dejo con un verso:
“A mis hermanas la menstruación se les cortó de golpe
en las entrañas.” Yo he sentido, exceptuando la menstruación,
algo similar leyendo estas nanas negras. Pedro Andreu
firma como juglar en paro. Espero que no dure. Pedro
Andreu sigue padeciendo esa enfermedad crónica llamada
poesía. Espero que no se cure."
Leí
tu carta que acompañaba el envío del poemario “Anatomía
de un ángel hembra” y en la que me comunicabas tu
deseo de que escribiera un prólogo para él. A pesar
de las dudas de mi capacidad para esa tarea, no soy
una experta en poesía, la carta era tan
sugerente que me condujo a leer tu “biobibliografía”
que me condujo a leer tu poemario, todo de una sentada.
No lo hice así urgida por el compromiso ni mucho menos,
lo hice porque me gustaban tus palabras, el sentido
que les dabas, la libertad de tus frases, de tus construcciones,
la magia que con ellas creabas. Me ocurrió lo mismo
que me ocurre cuando voy a una exposición de pintura
que me atrapa y estoy deseando llegar a casa y ponerme
a pintar, no a pintar lo que he visto ni nada semejante,
a pintar porque una buena pintura me despierta las
ganas. Con tus poemas me ocurrió lo mismo en escritura.
Pensé que se habían acabado las vacaciones que me
estaba concediendo después de la última novela, y
que me urgía ponerme a escribir. Me acerqué a la Casa
de Cultura de Majadahonda y pedí tu libro “Partida
entre canallas” porque tenía ganas de seguir leyéndote
y conociéndote como poeta. Recordé que en el año 2001,
cuando ganaste con este poemario el “Premio
Blas de Otero” del Ayuntamiento de Majadahonda,
recibí una llamada desde Mallorca de nuestro común
amigo, el escritor Avelino Hernández, para que no
dejara de ir a escucharte en la presentación del premio.
Me habló con enorme entusiasmo de tu poesía diciéndome
algo así como lo que después escribió, que eras un
creador profundo y diferente, osado y sin tapujos,
que usabas las palabras como queriendo hacer daño,
fiel sólo a ti mismo y a tus versos. (...)